domingo, 28 de mayo de 2017

'ANTIQUITAS' PUBLICA OTRA CONTRIBUCIÓN SOBRE PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO PERDIDO Y OLVIDADO DE OSUNA



1. Elementos patrimoniales históricos y arqueológicos arruinados de Osuna. (© Pachón, 2014).

     El último número de la revista Antiquitas que anualmente edita el Museo Arqueológico Municipal de Pruego de Córdoba, ha vuelto a tener a bien publicar un trabajo sobre patrimonio arqueológico de Osuna, aunque en este caso hayamos tenido que centrarnos en esa parte tan abundante de los bienes patrimoniales de la localidad sevillana que se han perdido irremediablemente o que, olvidados, pueden también convertirse en elementos irremediablemente irrecuperables.

2. Portada del último número de Antiquitas.

     El presente número corresponde al n,º 28 de la serie, perteneciente al año 2016 y su contenido, como en otras ocasiones es bastante amplio y multifacético, como puede apreciarse con la simple lectura del índice de la revista:

3. Contenido del ejemplar de referencia.

     El trabajo es una colaboración con José Ildefondo Ruiz Cecilia, quien dedicó su tesis doctoral al estudio de la gestión patrimonial de la arqueología de Osuna, que ya había trabajado en pblicaciones similares y que, amablemente, nos ha pernitido participar en esta aportación de otros aspectos derivados de aquel trabajo de doctorado. Del resu,tado pueden juzgar ustedes mismos, directamente:

4. Página 1 del trabajo.

5. Página 2 del trabajo.

6. Página 3 del trabajo.

7. Página 4 del trabajo.

8. Página 5 del trabajo.

9. Página 6 del trabajo.

10. Página 7 del trabajo.

11. Página 8 del trabajo.

12. Página 9 del trabajo.

13. Página 10 del trabajo.

14. Página 11 del trabajo.

15. Página 12 del trabajo.

16. Página 13 del trabajo.

17. Página 14 del trabajo.

18. Página 15 del trabajo.

     El panorama que reflejan esas páginas es poco halagüeño, porque manifiesta una irreparable pérdida patrimonial para los bienes culturales de Osuna; pero, afortunadamente, ha quedado constancia de qué se ha perdido, al menos de bastante de ello, lo que supone -en cambio- es la recuperación de su memoria y la posibilidad de mantener vivo el recuerdo de lo que hubo y de lo que hubiera sido posible conservar. Por otro lado, la permanencia de otros vestigios de restos patrimoniales que se creían perdidos, como ocurre con el muy probable puente romano de la Albina (fig. 19), ofrece la posibilidad a los ursaonenses y a sus responsables políticos de cambiar el curso de las cosas, de apostar por la recuperación efectiva de lo que queda y cambiar el curso de una historia local, que en el tema patrimonial y arqueológico no ha sido hasta ahora demasiado edificante.

19. Osuna. Puente de la Albina. desde el noreste. (© Pachón, 2015).

     En definitiva, la nueva publicación es una llamada más a la conciencia de los ciudadanos de Osuna, de sus responsables culturales y de todo aquel que sea consciente de la necesidad de frenar definitivamente la destrucción patrimonial y arqueológica. Espero que su lectura contribuya a hacer crecer las voces y las conciencias de aquellos que, de una vez por todas, hagan factible la conservación del patrimonio de todos.


sábado, 4 de marzo de 2017

CONCESIÓN DEL PREMIO 28 DE FEBRERO 2017 DEL AYUNTAMIENTO DE OSUNA


No suelo airear los reconocimientos propios. Pero, dadas las circunstancias del caso, voy a hacerlo en esta ocasión y, espero, que no sirva de precedente.

Sabido es que mis aportaciones sobre el patrimonio arqueológico de Osuna han venido desarrollándose en un tono discursivo, en el que siempre ha estado presente la crítica consciente a la dejadez institucional por el pésimo o nulo cuidado de los vestigios históricos más antiguos de la Osuna romana, prerromana y prehistórica, Tanto es así, que resultará fácil su comprobación, si se releen algunas de las entradas anteriores que he dedicado al yacimiento sevillano en este mismo blog.

La consecuencia venía siendo una relación no todo lo amigable que debiera con los responsables autonómicos andaluces y con la corporación local, que eran quienes más directamente recibían mis diatribas, siempre que tenía ocasión de evidenciar un nuevo caso de abandono patrimonial, dejadez en el cuidado debido o permisividad en la presión urbana sobre los espacios del BIC en la localidad sevillana. Pero, jamás existíó una ruptura de facto, porque paralelamente nunca rechacé colaborar en iniciativas municipales que desarrollaran aspectos culturales de la naturaleza que tratamos.

Por otro lado, al Ayuntamiento no le interesaba mantener la imagen que Osuna había alcanzado en el pasado siglo, como uno de los centros más activos de la arqueología clandestina y del comercio ilegal de antigüedades, por lo que inició el apoyo a proyectos de difusión de arqueología e historia antigua local de carácter más general (González, 1989), o algo más particular (Chaves, 2002), en algunos de los cuales tuve una intervención directa (Engel y Paris, 1999; Pachón, 2002); al margen de la normalización de la arqueología urbana en el municipio, que había venido de manos de la aplicación de la nueva ley de patrimonio histórico andaluz (LPHA), desde la década de los ochenta.

En la misma línea, una de las secciones culturales locales en las que el Ayuntamiento ejerce su patronago, el Patronato de Arte, así como su expresión editorial periódica, los Cuadernos de los Amigos de los Museos, empezaron igualmente a cuidar y promover estudios específicos sobre patrimonio arqueológico local, de los que debemos destacar nuestro análisis de Las Cuevas (Pachón y Ruiz Cecilia, 2006) y la publicación colectiva sobre el album fotográfico de Pierre Paris (Ruiz Cecilia y Moret, eds. 2009), en el que también intervinimos. Todo, por no hablar del variado muestrario de artículos más especializados que hemos ido incuyendo en sucesivos números de aquellos Cuadernos. En casi todos estos trabajos no faltan afirmaciones reivindicativas contra una labor poco esforzada de las autoridades locales, ante un patrimonio arqueológico que siempre nos ha parecido excesivamente abandonado y falto del necesario cuidado y prevención institucional.


Ante este panorama, que el Ayuntamiento de Osuna haya decidido dedicarme uno de sus premios 28 F, en su VIII edición, no ha dejado de sorprenderme. Más que mis méritos, si es que los hay, quisiera creer que algo ha cambiado en la actitud de una corporación municipal que, pese a los sinsabores que he podido provocarle, concede esta distinción a un conocido outsider, en lo que quiero pensar se trata del verdadero deseo de superar posiciones enfrentadas y buscar caminos únicos de encuentro que garanticen lo único que debe movernos a todos: la recuperación del patrimonio común.


Para acabar, me gustaría trasladar las palabras que pronuncié en el acto de recepción del galardón, agradeciendo la generosidad del Ayuntamiento y mostrando mi particular posición en esta relación de amor-odio con la arqueología de Osuna y de sus responsables patrimoniales:



Desde hace unos días, cuando la Excelentísima alcaldesa de Osuna me comunicó amablemente la concesión de esta distinción, he estado debatiéndome en un mar de pensamientos encontrados. Lo que no impide que empiece expresando mi más profundo agradecimiento hacia la actual corporación municipal por el honor que me hacen con este galardón.

En segundo lugar, quisiera permitirme dedicar este reconocimiento a una persona de la que ya nadie se acuerda: mi padre Juan Pachón Cordero, antiguo empleado del Ayuntamiento, colaborador de Radio Juventud de Osuna y de la revista de feria, poeta y orador notable, cuya muy lejana desaparición imposibilita que hoy pueda disfrutar de estos momentos con nosotros, pero sin cuya pérdida difícilmente podría yo ahora estar con ustedes. Mi vida hubiera sido seguramente otra.

Aludiendo ya a mi persona, aún a riesgo de no ser objetivo, si algo represento es ser uno más del reducido grupo de extravagantes estudiosos que venimos fijando nuestra atención en cuestiones que, para la gran mayoría, no pasan de ser ruinosos y polvorientos restos de un pasado que ahí está, estorbando las más de las veces y, en Osuna, además, ocupando un espacio exageradamente amplio.

Y todo, cuando la mayoría de nuestros paisanos parecen haber estado empeñados en los últimos siglos en ocultar esos restos, desdibujarlos y hacerlos desaparecer en una sistemática e iletrada práctica que llegó a convertir a Osuna en uno de los centros más activos del furtivismo y del abandono de la arqueología patrimonial.

En contra, esa minoría de la que he venido formando parte, ha empeñado sus fuerzas en hacer visible un pasado histórico-artístico, arqueológico y patrimonial muy poco evidente, en muchos casos fantasmal y casi siempre invisible a cualquier mirada poco avezada. Así, un importante espacio de mi tiempo lo he dedicado a esos vestigios, insistiendo excesivamente en la necesidad de su estudio, valorización, recuperación y salvaguarda. Un trabajo arduo, que no quiero destacar aquí a modo de hercúleo esfuerzo sobrehumano, porque si algo de esto ha podido haber, siempre he contado con la importante colaboración encontrada en otros ursaonenes que, aún a riesgo de olvidar a alguno de ellos, quisiera recordar aquí a José Ildefonso Ruiz Cecilia, Lorenzo Cascajosa o al mismo Francisco Ledesma.

Pero ese trabajo también ha coincidido con la dolorosa comprobación de la impenitente cerrazón de todo tipo de administraciones que parecían no querer abandonar aquella posición de ciegas miradas hacia el pasado común.

El resultado ha sido una confrontación con tintes agridulces, en la que sí es obligado agradecer que el Ayuntamiento de Osuna colaborara en la edición de algunos de mis estudios como el de Las Cuevas o el del facsímil razonado de la excavación francesa de inicios del siglo pasado. Como así ocurriera con la publicación del excelente vídeo sobre Las Cuevas, que fue una especie de prolongación gráfica del libro que hicimos sobre Las Cuevas con el propio José Ildefonso. Pero también se echa en falta una más intensa intervención en la recuperación de las estructuras arqueológicas que aún subsisten en el yacimiento y que nunca han tenido el necesario empuje económico en los presupuestos del Estado, de nuestra Autonomía o del Ayuntamiento.

No pretendo polemizar, no es el momento, ni desanimar a los representantes locales que hoy nos acompañan, porque frente a lo que ocurría no hace tanto tiempo, hoy mucho se está haciendo desde el Ayuntamiento. Y me consta el importante esfuerzo que canaliza por revertir la situación de monumentos que algunos dábamos por perdidos como el teatro romano, incluso de otros desconocidos, como la muralla que rodea la Rehoya a lo largo de la calle Caldenegro.

El patrimonio arqueológico de la antigua Osuna es tan inmenso, que a los ojos de un apasionado paisano como el que represento, todo esfuerzo siempre parecerá poco y continúa doliendo constatar el estado de Las Cuevas, del mausoleo funerario de la Vía Sacra, de la muralla Engel/Paris, de La Pileta, del recientemente localizado puente romano del Salado. En fin, ese inabarcable conjunto de nuestro patrimonio.

Mi gestión investigadora aquí, lo único que ha hecho ha sido llamar la atención sobre bastantes bienes arqueológicos de Osuna, tratando de arrojar algo de luz sobre su interpretación y recuperando parte de esa memoria patrimonial que, en muchos aspectos, se consideraba ya irremediablemente perdida.

Humildemente, si hubiese que valorar en algo mi recorrido, diría que solo he ayudado a situar de nuevo en el catálogo histórico-artístico disponible algo del patrimonio perdido y olvidado. Lo que no es poco, ni tanto, aunque siempre dejaría de tener sentido si lo que se ha destacado volviera de nuevo a ocultarse por desmemoria, o se perdiera definitivamente por inacción. Y ahora me refiero a todos, porque de todos es el patrimonio y ello  responsabiliza a toda la sociedad para su cuidado y para que no repitamos viejas costumbres. En ello, nuestros representantes públicos tienen una labor ejemplar que realizar, y seguir realizando.

Las perspectivas, pese a todo, son halagüeñas. Osuna ya no es aquella reina del furtiveo del siglo pasado, la Asociación de Amigos de los Museos también mira con otros ojos a la arqueología y le asegura siempre un espacio significativo en sus Cuadernos. El Ayuntamiento mantiene y potencia un departamento de Arqueología Municipal, necesario en el marco legal vigente, pero ineludible en ciudades que, como la nuestra, cuentan con un pasado histórico tan enorme.

Creo que mi labor en este campo ha estado encaminado en esa dirección, en lucha contra la desmemoria y reivindicadora de la salvaguarda de nuestro pasado. En este único sentido, vuelvo a agradecer que nuestro insigne Ayuntamiento se acuerde de mi trayectoria y quisiera aprovechar estas palabras para seguir ofreciendo mi más sincera colaboración, si en algo puede aún ayudar mi concurso a la tarea común de recuperar el patrimonio de todos.

Objetivo en el que me consta que la corporación municipal debe estar ya profundamente comprometida. Muchas gracias. 


BIBLIOGRAFÍA

CHAVES TRISTÁN, F. (Ed.) (2002), Urso. A la búsqueda de su pasado. Ayuntamiento de Osuna, Escuela Unibersitaria Francisco Maldonado, Diputación Provincial y Universidad de Sevilla. Osuna.

ENGEL, A. et PARIS, P. (1999), Una fortaleza ibérica en Osuna. Excavaciones de 1903 = Une forteresse ibéricque à Osuna. Estudio preliminar, edición facsímil y traducción al español por J.A. Pachón, M. Pastor y P. Rouillard, Universidad de Granada, Ayuntamiento de Osuna y Caja General de Ahorros de Granada, Granada.

GONZÁLEZ, J. (1989), Estudios sobrre Urso. Colonia Iulia Genetiva. Alfar. Fundación Antonio María García Blanco (Excmo. Ayuntamiento de Osuna). Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Sevilla.

PACHÓN ROMERO, J.A. (2002), "Modelos de asentamiento en la Osuna prerromana". Urso. A la búsqueda de su pasado. Osuna, pp. 53-98.

PACHÓN ROMERO, J.A. y RUIZ CECILIA, J.I. (2006), Las Cuevas de Osuna. Historia histórico-arqueológica de una necrópolis rupestre de la Antigüedad. Patronato de Arte. Osuna.

RUIZ CECILIA, J.I. y MORET, P. (Eds.) (2009), Osuna retratada. Memoria fotográfica de la Misión Arqueológica Francesa de 1903. Patronato de Arte. Biblioteca de los Amigos de los Museos, Osuna.

martes, 7 de febrero de 2017

PRÓXIMA PRESENTACIÓN EN SEVILLA DE CUADERNOS DE LOS AMIGOS DE LOS MUSEOS DE OSUNA

Por primera vez, la revista de la Asociación de Amigos de los Museos de Osuna (Cuadernos de los Amigos de los Museos) se presenta con sus mejores galas en Sevilla, precisamente en casa de uno de sus patrocinadores editoriales: la Diputación Provincial. Se trata de una especial ocasión para conocer de primera mano esta notable publicación que, cada año, renueva sus valores más celebrados: calidad de continente y contenido, variedad temática, esmerada composición, llamativa policromía y colaboraciones cada vez más contrastadas y en alza.

Para esta ocasión, los responsables de la publicación han preparado un acto en el que el protagonismo de la presentación se reserva a José Luis Romero Torres. Por nuestra parte, quisiéramos recordar, como ya hicimos en la publicación anterior de este mismo blog (http://japr5.blogspot.com.es/2017/01/novedades-sobre-historiografia.html), que uno de los autores del número de este año (vol. XVIII), Antonio Fajardo de la Fuente, ha dedicado su aportación a explicar el descubrimiento realizado sobre unos planos decimonónicos inéditos que auspiciara el Asistente Arjona y que se conservaban en la Real Academia de la Hstoria. Entre ellos destaca uno que representa la planimetría topográfica de Osuna en el primer cuarto del siglo XIX. Todo un hallazgo para la reconstrucción de la evolución urbana de la villa ducal, así como para su historia reciente, cuya reproducción facsimilar se entregará a quienes asistan al acto.

Sevilla 15 de febrero. 19:00 horas. Casa de la Provincia
Plaza del Triunfo, 1.


domingo, 8 de enero de 2017

NOVEDADES SOBRE HISTORIOGRAFÍA ARQUEOLÓGICA Y PATRIMONIO DE OSUNA


1. Primera página del artículo de A. Fajardo (2016).

     La reciente publicación del último número de Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna (nº 18, diciembre de 2016) ha sacado a la luz un viejo plano de la ciudad de Osuna (fig. 2), gracias al trabajo de Antonio Fajardo de la Fuente (FAJARDO, 2016: fig. 4), que se conserva en la Real Academia de la Historia y que completa el conocimiento del callejero histórico de la villa sevillana. Un callejero del que ya había dado cuenta nuestro autor en una entrega previa, con el sustento de otras fuentes cartográficas (FAJARDO, 2005). El plano en el que ahora nos apoyaremos, encargado por el Asistente Arjona, es de cronología anterior (1826), pese a lo que aporta datos de interés para asuntos patrimoniales y específicamente arqueológicos de Osuna, que -en este último caso- permiten puntualizar noticias de hallazgos conocidos por la historiografía, pero que, desgraciadamente, estaban faltos de una más adecuada contrastación y de una más afinada localización en el municipio y caserío correspondiente. En realidad, aquellos primeros planos eran parcelarios, por lo que la definición del callejero no alcanza el detallismo de esta segunda muestra.

2. Planimetría urbana de Osuna conservada en la Real Academia de la Historia (Signatura: C-Cuadros 9. Números de Registro: 01114).

En concreto, particularizaremos nuestro análisis en dos cuestiones referidas respectivamente a la localización de una calle, cuyo nombre ya no existe en el nomenclátor de Osuna, pero que puede acercarnos a la ubicación de los restos de las infraestructuras hidráulicas de la antigua ciudad romana. Mientras que la segunda hace referencia a las infraestructuras monumentales que acompañaron a la Iglesia Colegial de la villa y que hoy han desaparecido. Esta última cuestión ha sido descubierta por el propio Antonio Fajardo, pero la volvemos a valorar aquí porque quizás podamos añadir alguna cuestión de interés al respecto, o aportar puntos de vista con los que generar futuros debates patrimoniales sobre la conservación del entorno de la Colegiata o su mejor puesta en valor.
1. La calle Arrecife y su localización: El interés arqueológico de esta calle de Osuna arranca de las noticias locales sobre recuperaciones patrimoniales en el entorno urbano de la villa, que recogen distintos autores, partiendo de las crónicas locales y de las propias actas municipales, donde se señalan acontecimientos de cierta notoriedad en la ciudad. Aunque los datos al respecto pueden reconocerse por varias fuentes diferentes, podemos traer a colación las últimas indicaciones conocidas, que se contienen en la tesis de doctorado de José Ildefonso Ruiz Cecilia (2016), quien reúne todas las noticias anteriores, indicando literalmente las siguientes dos referencias:

a) Pierre Sillières, en el estudio de los topónimos antiguos vinculados a las vías de comunicación refiere a la calle Arrecife, recogiendo una referencia de Engel y Paris (SILLIÈRES 1990: 218), quienes a su vez citan a Antonio García de Córdoba. Se trata de un nombre que no ha perdurado, pero que debe corresponder con el final de la actual calle San Cristóbal, es decir, el acceso (o uno de ellos) por la parte occidental de la ciudad. (Ruiz Cecilia, 2016: 290).
b) Otros hallazgos concretos de los que da cuenta son los que a continuación vamos a referir, todos ellos producidos dentro de la ciudad moderna. En primer lugar indica que en 1525 se descubrió en la zona conocida como El Ejido ‘un acueducto de fuerte argamasa, tan alto que entraba por el un hombre y tenia á trechos muchos descansos y minas’, el cual, desde su descubrimiento, estuvo produciendo agua en cantidad durante seis meses y al agotarse ésta fue cegado (GARCÍA DE CÓRDOBA 1746: 100). Nuevos descubrimientos de estructuras que conducían agua fueron realizados en 1736 y 1743 en la calle San Cristóbal y en la calle Arrecife, respectivamente. El primero de ellos era una cañería de atanores que estuvo manando agua durante muchos días (GARCÍA DE CÓRDOBA 1746: 101). Por su parte, en la calle Arrecife –vía que ha cambiado de denominación pero que debe corresponder al final de la calle San Cristóbal– apareció una profunda boca cuadrada de una gruta con arcos que parecían dirigirse hacia el centro del pueblo; al no encontrarse a nadie dispuesto a explorar la galería se decidió volver a clausurarla (GARCÍA DE CÓRDOBA 1746: 100-101). Según Jesús Salas, estos hallazgos podrían corresponder a la red de cloacas de la ciudad romana (SALAS ÁLVAREZ 2002: 42). Lo más probable es que García de Córdoba se esté refiriendo a las minas o galerías de agua subterráneas que recorren el subsuelo de Osuna, de las que se ha hablado anteriormente. (RUIZ CECILIA, 2016: 648-649).

No vamos a comentar nada sobre los hallazgos que debieron producirse en el siglo XVI en esa calle Arrecife, pero es indudable que su localización debía encontrarse en las cercanías de la todavía existente calle San Cristóbal; de ahí, la normal asociación de ambos topónimos, como explicita el propio dr. Ruiz Cecilia, que no hace sino recoger el lugar común en que se había acabado por convertir esa noticia en la historiografía ursaonense. En este sentido, el conocimiento del mapa urbano de la Osuna de principios del XIX sí permite la ubicación exacta de la primera de esas vías públicas, evidentemente muy cercana a la de San Cristóbal, pero claramente disociada de la misma, como podemos apreciar en un detalle de la parte izquierda del plano, como recogemos en nuestra tercera imagen.

3. Detalle del plano de Osuna (1826) con indicación de las calles Arrecife (nº 28) y San Cristóbal (nº 73).

     Lo interesante del hallazgo es que de la comparación del plano de Arjona con las cartografías actuales se deriva que pueda situarse con bastantes garantías el trazado de la antigua calle Arrecife, salvando los inconvenientes de la planimetría del XIX, que no orienta el dibujo como suele hacerse hoy con el norte hacia arriba. La antigua imagen, orienta el área que analizamos hacia la izquierda, donde actualmente es habitual situar el este, cuando la disposición del espacio analizado se alinea hacia el norte, igual que hace la calle Écija que es, finalmente en donde confluye la citada del Arrecife, aunque su orientación general es más noroeste-sureste. Tomando como referencia una vista aérea de la zona, tomada de Google (imagen 4), es fácil situar el trazado original de la calle, aunque hoy está algo desdibujado por construcciones posteriores, como veremos.

4. Vista aérea de la parte norte de Osuna con las calles San Cristóbal (trazo verde), Écija (azul), Los Lirios (amarillo), antigua prolongación de Arrecife (malva) e hipotética rectificación del trazado de Arrecife (rojo). A partir de un original de Google earth.

     El recorrido general de la antigua calle Arrecife arrrancaría -en su posición más septentrional- de la calle Écija, que la cortaría perpendicularmente en dos tramos de casi idéntica longitud, pero cuyo sector oriental acaba resultando mucho más largo, al prolongarse por ese lado tras un quiebro de su trayectoria de más de noventa grados que le da una desviación hacia el sureste, en dirección a su posible confluencia con la calle San Cristóbal. Una conexión que, sin embargo, no llega a producirse, ya que su recorrido queda finalmente truncado por la calle Alcalá que es la que finalmente permite una salida hacia el sur hasta San Cristóbal. Estos últimos elementos siguen vigentes en el actual viario de Osuna, incluyendo idénticos nombres para sus denominaciones, que parecen haberse mantenido sin variaciones desde hace dos siglos.
La vista aérea que presentamos, tras ser cotejada con el plano decimonónico, nos ha permitido disociar aquella  calle Arrecife de la de San Cristóbal definitivamente; pero, al mismo tiempo, también ha facilitado su más precisa identificación con la actual calle de Los Lirios, que discurre aproximadamente por el mismo sitio que su predecesora Arrecife. No obstante, el irregular trazado que actualmente muestra esta vía, comparada con el dibujo ahora conocido, posibilita plantear la hipotética corrección de su trayectoria original (imagen 4: trazado rojo), alineándola por los estrechos solares que encontramos a espaldas de la finca y que colindan con el fondo de la propiedad que ahora ocupa el colegio de la SAFA y sus espacios deportivos.
     Toda esta zona se presenta hoy muy urbanizada en toda la acera septentrional de la calle, mientras que en el siglo XIX lindaba en ese mismo lado con terrenos despejados y uso casi plenamente agrícola. No estamos seguros, pero creemos que en ninguna ocasión se tomó allí cautela arqueológica alguna, cuando se construyeron las nuevas edificaciones que produjeron la ampliación del caserío y que ha dado lugar a la barriada que ahora vemos extenderse por ese lado de la calle, en los aledaños del espacio por donde debió discurrir con toda seguridad la canalización hidráulica que recoge la historiografía conocida. Pero la nueva situación patrimonial, ofrece una diferente realidad que es posible que exija también la necesaria recalificación de los espacios contenidos en el conjunto del BIC de Osuna (JOFFRE y RUIZ CECILIA, 2001) que, para estos alrededores, queda al margen tanto de aquel espacio protegido como del propio entorno de ese BIC (MAÑAS y MAÑAS, 2005); pero, también, incluso fuera del más general Conjunto Histórico que, curiosamente, en esta parte de la calle de Los Lirios, hace una extraña inflexión que excluye la práctica totalidad de esa localización de su especial protección patrimonial (imagen 5: reducto amarillo).

5. Espacios patrimoniales protegidos de Osuna. La zona amarilla recoge el área excluida de los mismos, a mediodía de la antigua calle Arrecife (hoy, de Los Lirios). [A partir de J.I. Ruiz Cecilia (2016: fig. 4.9)].

     Así, lo que esta constatación plantea, debiera obligar a las autoridades municipales y culturales a exigir todas las prevenciones arqueológicas debidas y exigidas por la actual legislación, en toda nueva transformación del entorno de la antigua calle Arrecife, siempre que vayan a desarrollarse actuaciones urbanas, o de infraestructuras viarias, que pudieran afectar a un subsuelo en el que no nos sorprenderían descubrimientos patrimoniales de enorme interés para la comprensión de la antigua ciudad. Si, para ello, es obligado rectificar el actual BIC y sus anejos preventivos, todavía estamos en situación de que tan necesaria corrección llegue a tiempo de evitar afecciones antipatrimoniales de la que tengamos que arrepentirnos una vez más en Osuna.

6. Zona monumental de Osuna, según el plano de 1826: A, Colegiata; q, Universidad; k, Cementerio.

2. Infraestructuras monumentales del entorno de la Colegiata: El estudio de los planos encargados por el Asistente Arjona ofrece otro hallazgo de interés que afecta a los accesos externos de la Colegiata (RODRÍGUEZ-BUZÓN, 1982)y de los que no se tenían hasta ahora demasiadas noticias (imagen 6). En este sentido, es de sobras conocido que los únicos accesos hasta la Iglesia Mayor de Osuna (Nuestra Señora de la Asunción) eran dos. Primero, el septentrional, que es al que embocan la fachada exterior del Sepulcro Ducal y la escalinata moderna que en esa misma fachada se alinea con la puerta lateral monumental, también llamada Portada de la Cuesta o del Evangelio, recientemente restaurada (SÁNCHEZ y RANGEL, 2008), enfrente también del Monasterio de la Encarnación. El segundo,  el meridional, cuyo camino habitual de acceso se venía produciendo por la escalinata que enlaza la plataforma intermedia entre Universidad y Colegiata, desde la que se facilitaba la arribada hasta la segunda puerta lateral de este lado, la Puerta Sur o de la Epístola. Aunque esta escalera debe ser relativamente moderna, puesto que el plano de Arjona no la recoge y, además, tenemos fotos antiguas, de inicios del siglo XX en la que tampoco existe, salvo una verja algo más adelantada hacia el oeste que el sitio donde hoy se encuentra esa escalera (imagen 7). Probablemente, esa verja fuese una de las entradas al cementerio, que entonces separaba la Universidad de la Colegiata.

7. Lateral meridional de la Colegiata con la verja que la separaba del cementerio de Osuna, Al fondo la anttigua Universidad. Principios del siglo XX. A partir de una fotografía de la Fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla.

     Frente a aquellos accesos, quedaría un tanto aislada la portada principal del edificio, o Puerta del Sol, para la que no parecería haber existido ningún acceso directo, salvo los que le proporcionaban indirectamente, y venían haciéndolo, alguno de los dos ya citados; abocada dicha entrada, además, a una falta de perspectiva visual que derivaba del estrecho balconcillo que compone la plataforma perimetral del edificio en este sector occidental, minúsculamente reducida y especialmente ridícula en la parte central de la fachada occidental. Algo aún más inconsistente, si se considera que esa plataforma, hacia mediodía, alcanza una anchura considerable, hasta resultar incomprensible para una puerta secundaria, cuya simpleza de trazo (la más sencilla de las tres) tampoco permite especular que tuviera ninguna mayor importancia, respecto de posibles celebraciones litúrgicas que pudieran haber requerido en ese sitio de un espacio delantero ritualizado de cierta relevancia. Pero, no siempre debió ser así, como vuelve a demostrar el plano de Arjona, en el que encontramos sendas escaleras en los frentes sur y oeste de la plataforma elevada sobre la que se asienta la Colegiata (imagen 8).

8. Detalle del plano de Arjona, reorientado al norte, con la indicación de la planta de la zona de la Colegiata con las dos escaleras a occidente (círculo de la izquierda) y mediodía (círculo inferior) de la construcción.

No se trataría de dos escaleras coyunturales que pudieran haberse hecho en el siglo XIX, ya que también se ha detectado la representación de una de ellas, en un cuadro al óleo conservado en la ermita de San Arcadio de Osuna (PÉREZ, 2007), cuya cronología estimada habría que situar razonablemente en tiempos dieciochescos, por lo que tampoco debiera extrañarnos que la presencia de esas escalinatas pudieron ya estar vigentes en tiempos barracos y quizás desde la propia construcción del edificio en un momento, si no plenamente renacentista, posiblemente tardoclasicista (imagen 9). En este sentido, la cronología de la pintura referida se ha relacionado con la inclusión en ella de un arco cercano a la representación de la ermita del santo, pero ello no justifica suficientemente que deba tratarse necesariamente del arco de Carlos IV en el camino de esa ermita. Su imagen pictórica lo único que mostraría es una de las puertas de la ciudad y no necesariamente esa, incluso aunque fuese la misma: es decir, probablemente esa entrada de la Pastora con la intervención carolina también puede aludir al remozamiento o sustitución de una de las viejas puertas de la villa. Sería prudente por tanto retrasar la fecha del cuadro un siglo atrás, en el XVII, cuando sabemos que el propio templo del santo se erigió, por lo que sus enseres podrían ser contemporáneos y los detalles arquitectónicos de su pintura recogerían detalles de construcciones que ya existían en ese siglo.

9. Detalle de la parte superior del cuadro del martirologio conservado en la ermita de San Arcadio de Osuna, con la representación de la Colegiata (arriba derecha) y las escaleras de forma trapezoidal a sus pies.

Así, las escalinatas de la Colegiata tampoco tendrían que ser necesariamente contemporáneas de la pintura, sino reflejar otra realidad: que hubiesen sido un todo constructivo con el resto de la edificación renacentista. Si la representación del cuadro de San Arcadio es lo suficientemente exacta, el mapa de Arjona estaría mostrando esos accesos escalonados de forma demasiado esquemática, dando sensación de que no fueron estructuras lo suficientemente monumentales, cuando debieron ser más  acordes con el verdadero volumen de la construcción eclesiástica, como aparecen en la pintura. Ello explicaría que las escaleras frontales sirvieran originariamente como complemento expansivo del espacio que se desarrollaba ante la Puerta del Sol, ganando con esa estructura un espacio del que no disponía con el único concurso de la pequeña plataforma elevada que hoy vemos frente a ella en la Colegiata. Bajo ese punto de vista, creemos que -desde un principio- debió articularse la concepción de la fachada principal oeste con la estructura monumental escalonada central, rompiendo con el geométrico volumen que hoy  representa el cubo liso sobre el que se acabó levantando el edificio y que se hace visible por el sur y oeste del conjunto. La desaparición de ambas escaleras contribuyeron a eso, además de forzar el recorte excesivo del pasillo que flanquea el frente occidental, quitando relevancia a la que debía ser la imagen arquitectónica más emblemática de la institución eclesial (imagen 10). Por lo demás, tampoco sabemos el porqué de su desmantelamiento, aunque es probable que a ello contribuyeran el abandono del reducto urbano de la Rehoya, que era el más directo relacionado con la zona monumental, junto con los problemas de financiación para su mantenimiento, problemas de los que siempre hizo gala la administración ducal del conjunto Colegiata-Universidad.

10. La Colegiata de Osuna en los años cincuenta del siglo XX, sin las escaleras frontal y lateral de su plataforma. El ángulo que se alinea, en la imagen, con la Puerta de la Epístola sirvió de apoyo a una de ellas. Imagen de

    En la actualidad queda poco de aquellas dos escaleras (imagen 11), salvo el ángulo recto en la base 

11. Vista aérea del conjunto monumental de Osuna con las escaleras oeste y sur desaparecidas de la Colegiata, en una imagen bastante reciente. Imagen de la web de otroscaminos.es

meridional (imagen 12), que todavía guarda el rincón donde se acomodaron las escaleras en ángulo de este sector y cuyo extraño trazado explicaría la interposición en su época de esa estructura ascendente.

12. Detalle del sector sur de la Colegiata, con el particular del ángulo de la plataforma donde estuvo la escalinata meridional. Fiti iriginal de F. M. Merino Laguna (http://www.redjaen.es/francis/?m=c&o=43827&letra=&ord=&id=60850)

     Incluso en la base de la plataforma de la Colegiata en este mismo ángulo, aún quedan restos de un amontonamiento irregular de piedras que debieron formar el sustento de las escaleras de esta parte (imagen 13), demostrando la realidad de lo que estamos señalando. A pesar de que se han realizado obras recientes que podrían haber alterado estos restos, parece más probable que se haya mantenido por debajo de las nuevas intervenciones. Del frente principal no disponemos de muchas más referencias, pero también las vistas aéreas actuales parecen mostrar todavía ciertos alineamientos de piedras que en el Higueral dibujan el volumen que debieron tener las escaleras dobles que existieron aquí.

13. El mismo ángulo anterior de la plataforma de la Colegiata, donde se aprecia (primer término) la acumulación de piedras que formaron parte del relleno de las escaleras meridionales. A partir de un original de A. Ramírez (2015: fig. 6).

     Finalmente, cabe destacar que en la parte frontal de la Colegiata, en el propio espacio vegetal del Higueral, todavía son visibles los restos de los fundamentos de aquella otra escalera monumental que en tiempos hubo en esta parte oeste del monumento (imagen 14), lo que hace posible su estudio arqueológico para dilucidar a qué época pudo corresponder su construcción y si, definitivamente, formó parte del programa edilicio inicial de la gran fundación del IV Conde de Ureña.

14. Detalle de la parte frontal de la Colegiata, donde se aprecian restos lineales de muros que sugieren la dirección de los rellenos que sirvieron de apoyo a los tramos de la escalera monumental que llevaba a la Puerta del Sol del monumento, A partir de una vista aérea original de Google earth.

     Los novedosos indicios, que parecen desprenderse en torno a las escalinatas que acompañaron a la Colegiata de Osuna, abren nuevas perspectivas para la indagación arqueológica y patrimonial sobre esta parte de la villa sevillana. Además, su contrastación científica, que nos parece obligada, permitiría completar la recuperación del aspecto que este entorno monumental tuvo en tiempos pasados. Es una posibilidad que debieran tener en cuenta las autoridades municipales y culturales competentes, pues el estudio y restauración de estos elementos estructurales podrían revalorizar el interés que la ciudad tiene, aunque multiplicando aún más su proyección artística y patrimonial, en beneficio de todos y en aras de seguir diversificando la oferta turística de calidad del municipio.


BIBLIOGRAFÍA

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